Show de Zoe Gotusso en Rosario: La proliferación de los detalles

La cantante presentó su reciente álbum “Detalles” y recorrió gran parte de su repertorio durante una hora y treinta y cinco con un espectáculo sublime, exquisito, conectado al unísono con su público.
El «Zoe Gotusso» descendió del escenario en dos oportunidades abriendo el juego a una cercanía aún mayor con sus fans, en el juego de un vaivén permanente.
Éstos shows, además de necesarios, son trinchera de resistencia y armonioso contraataque en una era de sobreestimulación permanente y con una atención fragmentada al acecho.
El espectáculo que propone Zoe Gotusso merece ser calificado como una obra de arte, y no como un mero entretenimiento. Aunque el público reciba más de lo que espera, los guiños impredecibles y la astuta sagacidad de la artista están constantemente sobrevolando una puesta en mutación constante.
Un detalle lo modifica todo, en palabras que contienen miles de imágenes y en lo visual que a veces cuesta poner en palabras. El minimalismo bien articulado en la euritmia de una performance genuina, en su estado más puro y desprovista de pretensiones.
La Sala de las Artes, colmada de extremo a extremo, acompañó con sus coros cada una de los temas quirúrgicamente elegidos para unos 95 minutos de travesía sonora. A las 21:01, con una puntualidad prusiana, se apagaron las luces dando paso a un preludio envolvente, sutil y galáctico.
La cantante apareció desde el fondo por las tinieblas del escenario, con un delicado conjunto blanco de short y mangas cortas abrazada por la ovación de su público. Al pie del micrófono se podían observar una serie de espejos retrovisores plateados, ornamentos cromados a sus pies que suscitaban efectos lumínicos y oficiaban de sostén de varios elementos que iban tomando forma en la escena.

“Cuarto creciente” fue la elegida para el comienzo, seguida de “Carta para no llorar”, cantada a dúo con ella misma a dos micrófonos y haciendo gala de su experticia en silbido al dibujar la melodía del tema. Los asistentes desandaban el escenario con naturalidad y aplomo ubicando y retirando diferentes objetos escenográficos.
Atriles con cuadrados blancos con reminiscencias a señales de tránsito decoraron una apasionada versión de “Pensando en ti”, del brasileño Paulinho Moska.
“Solo tú”, clásico de Paul Anka fue remozado en el dulzor vocal de Zoe, dando paso a una nueva etapa del show. Campera de piel blanca, peluca rubia al estilo Rafaela Carrá, gafas oscuras símil La Mosca y un decorado de paraguas blancos al fondo, fueron parte del look de la artista que interpretó “Detalles”, con afinación precisa e impoluta como en cada trazo del show.
Luego de una melancólica versión de “Lara”, cerró taciturna cada paraguas. Con guitarra en mano y el mismo look de rockera blonda cantó a los “amores que se mueren por nacer’ en “Entrégate”, seguida de “Mi primer día triste” signando el momento más distorsionado de la noche. En su tono natural y sentada al extremo derecho del escenario, abrió las puertas al pasaje más íntimo del show.
“He venido hace muchos años con Salvapantallas y es hermoso volver a ésta sala y que la llenen. Es un hermoso regalo de cumpleaños”, expresó Zoe, que a su vez se tomó su tiempo para compartir con sus fans un diálogo introspectivo acerca de su génesis artística y su autodescubrimiento desde las noches a solas con su guitarra y la conexión con el bossa nova, otorgando supremacía a ésto último en lugar de salir de fiesta a boliches.
“Estamos todo el tiempo buscando el sentido”, afirmó precediendo a una de sus primeras composiciones, “Un bossa +”. Una bola de espejos acaparó el escenario y expandió su efecto sobre el público. “Si las canciones fuesen mis amigas, ésta es una que me va a acompañar toda la vida”, afirmó al introducir una sublime versión de “María”, por antonomasia uno de sus clásicos más atesorados. Luego de “Vivir”, sorprendió desde el público desde abajo mientras abría un inmenso círculo al centro para bailar y contar “Tu corazón” con algunos fans. La misma fórmula repetiría al final durante el primer bis en la resignificada “Amándote”.
Platinada de lentejuelas retornó al escenario ejecutando “Camionera” con un cuadro impresionista que ilustraba una autopista diurna pintado a mano. “Amor de mis ojos” continuó en una noche plagada de pinceladas emocionales que tocaron todas las fibras, sobre todo las más sensibles. “Si tuviese que ponerle un color a ésta canción sería amarillo”, introdujo la cantante a “La distancia”, inoxidable y rescatada.
El estribillo de “Desnuda” en guiño a su primer álbum, fue de los más coreados. El cuadro del fondo mutó en un crisol multicolor sobre el recurrente fondo de paraguas blancos. Tras presentar a los músicos Paco Leiva en guitarras y Moreu en sintetizadores, quienes la acompañaron con suma versatilidad y brillantez, se sentó para apropiarse de “Amor loco”, grabada junto a Emmanuel Horvilleur.
El final del show se aproximó lentamente. “Ganas” alcanzó ese brío eufórico que producen los puntos culmines de cada concierto. La extasiada carga de la canción lo acentuó aún más. De remera fuxia con motivos de su último disco, subió al escenario nuevamente y regaló “Ayer te vi”, otra de las más celebradas.
Zoe Gotusso manifestó un cariño auténtico y sentido hacia el público rosariono, y aseguró: “Nos vemos antes de fin de año”. ¿Será parte del line up del Festival Bandera?, hasta ahora todo es incierto, lo único que se puede afirmar de modo implacable es que la fascinación que la artista produce en escena trasciende las expectativas.
Por Lucas Rivero