Emanero presentó «Todo por un beso» con invitados de lujo en Rosario

El artista llenó La Segunda Seguros Arena con un show vibrante, dinámico y elegante, que recorrió sus hits más renombradas durante una hora y cuarenta y cinco. Valentino Merlo y Sofi Gazzaniga engalanaron sus canciones como invitados.
Emanero desplegó todo su atractivo, charm y altivez en un show que consolida su expansión artística. Fans de todas las generaciones y de varias ciudades del país acapararon de un extremo a otro uno de los recintos del espectáculo y el entretenimiento más importantes de la región, que hace días inició su nueva etapa en el marco del acuerdo de naming entre la Arena y la prestigiosa empresa aseguradora rosarina. Emanero ha logrado reinventarse sin quebrantar su esencia ni traicionarse a sí mismo, pasando del trap a una cumbia refinada con guiños a la rumba y al bolero en un matiz bailable.
Los feats con reconocidos artistas en un halo conceptual bien definido de saco y corbata, han alcanzado millones de reproducciones que se cristalizan en shows en vivo que desbordan la euforia en cada melodía.
Lo ocurrido en la Arena no fue la excepción, no solo por ser la tercera visita a la ciudad en ésta nueva etapa de su carrera, sino por la la humildad y la excelencia de un artista que propone un espectáculo tan variado como movilizante.

El fervor que sobrevuela antes de que inicie el show es propio de la energía generada por sus miles de admiradores, que disfrutaron de la oportunidad de una mayor cercanía con Emanero de la que hubiesen anhelado. Se está convirtiendo una práctica habitual en los espectáculos de hoy en día, que en un tramo del show el artista descienda del escenario para mezclarse entre el público y alcanzar una experiencia superlativa. Contenido siempre bien reproducido en redes. El cantante no fue la excepción e hizo gala de su generosidad y su picardía a la hora de interactuar con su público en una conexión más directa.
Se tomó su tiempo para leer detenidamente los carteles más próximos al escenario con sentidas manifestaciones de cariño y algunos pedidos destinados a concretarse. “Es el lugar con más carteles de toda la gira”, afirmó Emanero. Bajó a la platea y se acercó a sus fans para firmar remeras, arrojar su corbata a una fan como obsequio de cumpleaños, también para cumplir el sueño de uno de los niños del público que pidió cantar a capella con él la canción de da nombre al nuevo álbum.
Otros de los deseos más insólitos estuvo en manos de una señora que prometió nombrar a su nieto Federico Andrés igual que el cantante a cambio de una selfie. En el trayecto de la complacencia, Emanero atravesó la arena desde el hall central hasta llegar al fondo para fotografiarse con otra de sus mas fieles seguidoras. Mayor cercanía de la que puede pretenderse de cualquier figura de la música actual.
Si bien esos trazos memorables se dieron aproximándose el final, el show mantuvo la vitalidad en la cúspide desde el inicio.
Pasadas las 21:10 se podía vivenciar a través de la enorme pantalla central cómo la cámara acompañaba al artista desde el camarín hasta el escenario donde fue recibido por un efusivo huracán de aplausos. “Todo por un beso” marcó un comienzo algo predecible. De punta en blanco con traje negro y camisa blanca, recorrió el escenario con estilo arengando a su público y desprovisto de desparpajo. “Adicto” y “Nunca me faltes”, clásico de Antonio Ríos, continuaron por una emotiva bienvenida. “Secreto paraíso” es de aquellas que solo conocen los fans que siguen su música desde su génesis e infaltable en sus conciertos.
Sentado al piano regaló una delicada versión de “Bandido” con relato simultáneo sobre la intervención de Rusherking, FMK y Estani en el tema. En contrapartida, una marea de pelotas que simulaban burbujas gigantes rebotaron por toda la La Segunda Seguros Arena durante “Todo comenzó bailando”, haciendo gala al crossover con Marama y Ráfaga. “Ladrona” y “100pre te amaré”, continuaron con una noche a la que le quedaba mucho por sorprender.
Valentino Merlo y Sofi Gazzaniga fueron los invitados ilustres de la noche. Ésta última ostentó de su máxima potencia vocal durante “Podes perdirme perdón”, haciendo honor a la inmensa responsabilidad de lucir un tema grabado originalmente con Ángela Leiva. Por su parte, Valentino Merlo llegó durante los bises para compartir “No me sigas ignorando”, afianzando su voracidad en escena.
Uno de los puntos más destacables del show es la versatilidad, profesionalismo y solidez de su numerosa banda, desde las coristas pasando por los vientos hasta el último acordeón, que se lució durante “La traición”. Sentado y en clave acústica, logrando una atmósfera de intimidad y cálidez, entregó canciones como “Tengo en venta el corazón” y “Me despido”. Los lentos tampoco faltaron. “A puro dolor” fue acompañado por un vaivén de globos blancos y linternas de celulares como parte de un acostumbrado ritual.
Las “bandidas” rugieron sus alaridos más desbordados cuando Emanero cambio de vestuario sobre el escenario, tras un biombo negro de arabescos traslúcidos mientras las cantantes interpretaban “Bésame mucho”. Más que un interludio.
“Atorrante” y “La peligrosa” hicieron bailar a todos los “bandidos” de Rosario. Con un look idéntico al anterior Emanero también interpretó “Ahora resulta”, “Romántiko” y “Borracho y loco” con la presencia en pantallas de Luciano Pereyra, L-Gante y Abel Pintos, respectivamente. El momento más conmovedor y visceral se dio con la sorpresiva irrupción de “Wisky”, uno de sus temas de antaño que invoca a su padre y al deseo inquebrantable de que lo hubiese visto brillar en grandes escenarios. A contraluz y con la voz quebradiza fue interpretada desde las entrañas. Palpitando el último trazo de la noche sonaron sin stop melodías infaltables como “No me digas que no”, “Me duele tu traición”, “Mala mujer” y “Fama de diabla”. El cierre estuvo en manos de “Sinvergüenza”, la más celebrada de la noche.
Al frente del escenario junto a sus músicos Emanero se despido de la ciudad en una efusión de papeles blancos con el estribillo de “Aquella playa” de fondo, entregando pausada una última reverencia.
Por Lucas Rivero