Ca7riel y Paco Amoroso hicieron vibrar sus ‘espíritus libres’ en Rosario

Lo impredecible, la parodia y la provocación colisionan y se permean la una a la otra. La puesta inmersivo con narrativa de una clínica de rehabilitación espiritual, subyuga al público en una terapia de de furor intensiva que mana de las formas más adversas, desde el estupor hasta la euforia desatada.
El dúo asombró a Metropolitano con la presentación de “Free Spirits”. En un recorrido de vertiginoso impacto, conquistaron a su público durante casi una hora y cuarenta en una puesta fuera de los estándares.
Catriel y Paco Amoroso son tan inclasificables como magnéticos, desplegando un virtuosismo inusual desprovisto de ínfulas y dando rienda suelta a su voracidad. Su habilidad performática es innegable, en cada trazo escénico construyen sentido y resignifican cada acorde.
Haciendo gala de lo insurrecto e inmunes a cualquier tipo de crítica o valoración, firmes en sus convicciones y encarnados en el mensaje que vociferan y expanden, los artistas hicieron gala a la irreverencia desgarrando sus gargantas, reproduciendo el eco de una generación que grita por medio de las pantallas y encuentra momentos como éste para rugir su catarsis.
Más allá del tópico generacional, es sorprendente como todas las edades se fusionan en el intenso pogo que desencadenan varios temas del dúo. Adolescentes, veinteañeros, niños y padres, grupos de treinta y un poco más.
En el cosmos de Paco y Ca7riel no hay nadie que resulte excluido, donde las melodías invaden y sus movimientos hipnotizan en un instinto salvaje que reconoce al escenario como hábitat, refugio y trinchera.
“Sé humilde. Sé sincero. Sé fuerte”, de Guillermo Vilas, y algunas otras frases motivacionales de solapa de almanaque que oscilaban desde Osho, Buda y el Dalai Lama a Kim Kardashian, Marcelo Tinelli y Lionel Messi, ocupaban las pantallas laterales al sonido del didgeridoo y guitarra en atmósfera zen precediendo en inicio y acentuando la ironía con sofisticación.

Una marea de gorros turquesas afelpados, sello distintivo de Paco en el Tiny Desk que los catapultó a nivel mundial, remeras con el rostro de Ca7riel a tonos grises, todos los fans respetaron el dress code de blanco impoluto y holgado.
La terapia espiritual intensiva en una apuesta conceptual bien definido dio su puntapié inicial a cinco minutos de las veintiuna horas. Cuatro hábiles músicos acompañaron al dúo con versatilidad e ingenio. Varias tarimas triangulares vestidas de blanco se completaban con un inmenso rombo iluminado con telas en el techo y fragmentado en otros cuatro.
Desde la parte alta del escenario se podían observar dos sillones blancos con sus respectivos sueros y cómputos, fieles al leit motiv de la clínica de rehabilitación que destacó el logo de ‘Free Spirits’ al fondo.
“No me sirve más” disparó la fervorosa ovación del público rosarino al unísono con un efusivo pogo que fue menguando su intensidad sin apagarse. “Nadie inventa nada nuevo” repitieron en loop durante el segundo tema, quitándose los sombreros y sacos brillantes para relucir su uniforme de internos de punta en blanco.
Paco de mangas largas y con gafas transparentes espejadas, y Catriel dejando lucir los tatuajes de sus brazos. “Ay ay ay” continuó con el costado festivo del álbum jugando con toallas grises y desembocando en un final en el que danzaron como monjes tibetanos. “Muero” los encontró espalda con espalda dibujando formas con largas mangueras.
La creatividad por encima de parafernalia tecnológica predecible. Un fragmento de “Mi diosa” intepretada mientras reposaban en los sillones blancos, dio paso a la célebre “#Tetas”. Tras un conciso interludio de sonidos cacofónicos, Ca7riel y Paco regresaron para uno de sus temas más icónicos, “Hasta Jesús tuvo un mal día” con la voz en off de su mentor espiritual Sting.
‘Free Sprits’ fue interpretado de punta a punta y sonó en directo de manera fidedigna al disco. La apuesta en lo visual incluida trazos coreográficos ejecutados con precisión y ornamentando las canciones con aguda inventiva. Luego de la petulante como desoladora “Soy increíble”, en un momento intimista para oxigenar se sentaron con proximidad al público para “Vida Loca”. Acto seguido, Catriel y Paco Amoroso rodaron y juguetearon como bebés gigantes durante “Goo Goo Ga Ga”, dando paso al faltante del aclamado EP ‘Papota’.
En el set sonaron sin interrupción “Impostor”, “Re forro” y “El día del amigo” extendida. Algunas perlas de ‘Baño María’ se hicieron esperar en un cronometrado show, que si bien está quirúrgicamente distribuido, todos son complacidos. “Dumbai” y “Baby Gangsta” fueron de las más coreadas de la noche. “A mi no” hizo un guiño a la génesis del dúo, dejando también espacio para piezas sueltas de ambas etapas solistas.
Paco tuvo las luces concitadas en “Mi deseo” y Ca7riel asombró con su virtuosismo musical en “Bad bitch”, con solo de guitarra incluido.
“Todo Ray”, del nuevo álbum, continuó con el trance clínico-espiritual en una humareda de tonos índigo. En “Cosas ricas” se tomaron su tiempo para presentar a sus músicos tal como lo merecen. “El único” es de las más gritadas en todos sus shows y Rosario no fue la excepción.
Luego de éste clásico, el espectáculo cobró un matiz más hardcore con “La que puede, puede”, la voraz “Todo el día” y el final con “Ha ha”, haciendo gala a su avidez de fusionar la doble cara de la devastación y el éxtasis, con electrónica y samples de Palito Ortega. A la hora de los bises, el escenario mutó en una pista rave, teñido de rojo y con un show de lasers atravesando al público.
La electro-sacro “Lo quiero ya!” y “Beto’s Homs” de Fred again, marcaron en final del show en donde bajaron el escenario y mostraron mayor cercanía con su gente poseída en una euforia desbordante. Durante el “Himno del mediocre” entregaron la última reverencia en estado de gratitud con el público rosarino.
Haciendo gala a la provocación y a la imprevisibldad, aún con las luces blancas de Metropolitano encendidas y parte de la gente retirándose, la risa macabra de Ca7riel anunció que todavía quedaba un último regalo para sus fans.
El la misma clave electrónica luego de la introducción con “Pirlo”, se escucharon uno tras otro los estribillos de “Cono hielo”, “Ouke”, “Ola Mina XD”, “Sheesh”, “Jala Jala”y la inesperada “Chapulín”. La rehabilitación más efectiva, liberadora y espiritual es sin duda la música y la comunión permanente que mana de ella. Ca7riel y Paco Amoroso regresaron a la ciudad luego de casi dos años y sin fecha de retorno.
Los miles de ‘espíritus libres’ que llenaron Metropolitano ya los esperan con ansias.
Por Lucas Rivero
Foto: @billyplantabaja