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La luz del ritmo: Los Fabulosos Cadillacs volvieron a Rosario

21 de abril de 2026 c2731505

Una fiesta de casi dos horas a puro hit se vivieron durante dos noches en el Anfiteatro. Los rosarinos vibraron al ritmo de banda, más consolidada que nunca.

Dos noches repletas fueron muestra suficiente de que hay melodías que transcienden la nostalgia. Los Fabulosos Cadillacs atravesaron fronteras a nivel mundial y envueltos en el huracán del eterno retorno, se reencuentran y resignifican su legado. Todos conocen al menos diez temas de los Cadillacs o al menos algún estribillo, lo cual cobra dimensión de por qué permanecen vigentes.

Las escalinatas del mítico recinto del Parque Urquiza se colmaron de un extremo a otro engalanando el cierre de las Noches del Lunario, que llegó a su punto cumbre con una de sus fechas más memorables.

El público oscilaba los cuarenta, con algunas excepciones.

Una multitud que viajó de diferentes puntos de la región fue parte de una celebración en la que todos volvieron a su adolescencia o los veinte al menos por dos horas. Ahí radica la magia de las melodías que acarician las fibras más sensibles ya sea para cantar a gritos, para bailar, o dejar ir alguna lágrima. Todo se conjugó al unísono en el show de Los Fabulosos Cadillacs ambas noches. En una cuidada y funcional puesta en escena, los músicos se vieron proyectados a tonos grises en la inmensa pantalla de fondo fusionados por un ecléctico espectáculo de luces.

La emoción que brotaba en cada centímetro del Anfiteatro logró que la ovación que recibió a los Cadillacs tome una brío aún más explosivo. A las 21:20 horas la banda fue ingresando en cuotas soltando las notas iniciales del preludio tradicional que combinó funk, rock y la estridencia de los vientos. Vicentico, pieza faltante, se adueñó del escenario con sobretodo largo, gafas oscuras y bastón en mano.

La potencia aplastante de “Manuel Santillán, el León”, desató el fervor incontenible de los miles de rosarinos que espejaban la energía de El León del Ritmo. Flavio Cianciarulo llevó el bajo con precisión y versatilidad bailando de un lado a otro del escenario, Sergio Rotman comandó los vientos con aplomo y soltura, en conexión inherente con cada uno de los músicos que lograron un sonido fuese envolvente e impoluto. Los flashes en tono índigo llegaron al ritmo de sus primeros hits en clave ska. “Mi novia se cayó en un pozo ciego” acentuó aún más la nostalgia. Vicentico empuñó el bastón a modo de cetro en “Demasiada presión”, infaltable en éste festejo tan ansiado por la ciudad. En “Carmela” se lucieron aún más los vientos en sintonía con un inicio detonador que continuó con “La luz del ritmo”.

“El genio del Dub”, evocando la génesis de los Cadillacs promediando los ochenta, fue recuperada en su forma prístina dándole a su vez el halo de lo atemporal. Las miradas entre ellos, los gestos inconfundibles, su permanente interacción, ponen de manifiesto las décadas de oficio y confraternidad inquebrantable que contagia a su gente. “C.J”, de ‘La marcha del golazo solitario’ es de esas baladas que irrumpen para oxigenar. En un escenario color magenta, Florian (hijo de Vicentico) llevó el punteo del tema con precisión y maestría, al igual que en el resto del show. “Calaveras y Diablitos” fue una de las más cantadas de la noche. Recién a partir del octavo tema, los Cadillacs saludaron a su público. “Es placer ridículamente inmenso. Estamos muy felices estar en Rosario”, expresó Vicentico. El show siguió su curso con un tinte más sombrío y extendido en una tenebrosa versión de “Los condenaditos”, que contó con atinados extractos de “La última curda”, “Averno, el fantasma”, “El muerto” y “Las manos”.

‘El león del ritmo’ rugió desde sus entrañas y con el mismo ardor de hace años, el mismo que mantiene vivo su público. Aún con muchos hits por delante, Sr. Flavio se tomó sabiamente su tiempo para desplegar su proeza en el bajo en una improvisación que mixturó trazos del Himno Nacional Argentino y “Mañana en el Abasto”. Luego, la Cumbia acaparó el Anfiteatro al ritmo de “Padre Nuestro”, en la que Flavio Cianciarulo lució su máscara negra de luchador estilo ‘Titanes en el ring’.

“V Centenario” aportó mayor distorsión y puso de manifiesto que los vientos son el corazón de los Cadillacs. “Saco azul” aportó un valor aún más rockero al show, seguido por la inusual “Destino de paria”, una pátina de reggae en la que se mixturaron al unísono las voces de Vicentico, Florián y Sergio Rotman. “Siguiendo la luna” logró ser una de las más emotivas de la noche, dando paso a una serie de hits que elevó el show hacia su cúspide.

“Carnaval toda la vida”, “Mal bicho” y “El satánico Dr. Cadillac”, marcaron el primer final del show con la euforia del público latente.

“Matador” fue precedido por un vigoroso solo de batería y percusión, acentuado en uno de los estribillos más populares de la música latinoamericana. En éstas canciones hay algo liberador agazapado pidiendo huir, así se sintió al público durante el estribillo. Con guitarra en mano, Vicentico interpretó “Nro. 2 en tu lista”, seguida de la imprescindible “Vasos vacíos”.

En un amoroso intercambio, Sr. Flavio cedió su bajo a Vicentico, y éste hizo lo propio con el micrófono para un final detonador con el clásico “Yo no me sentaría en tu mesa”, otro de esos estribillos que dejan rastro en el ADN de la memoria popular. Cada melodía en lo extenso de ambas noches afloraron las resonancias más profundas para transformarse en esta celebración. El silencio se convirtió en carnaval.

Por Lucas Rivero

Foto: @mpinkph

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