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Un Muerto Más en Rosario: El que arriesga y el que ama 

Concierto de rock, obra de teatro, sham poética, soliloquio abrumador y una necesaria pátina de ironía.

Una sola definición no hace justicia al espectáculo que propone Un Muerto Mas. Fernando Noy se autopercibe, entre muchas cosas, como un genuino decidor, lo mismo se puede decir de Guido Carmona como de cada integrante de su banda, que no solo ejecutan los instrumentos con suma maestría sino que completan la puesta con su actuación.

Sinfonías adolescentes recrudecidas y el aroma de los primeros desamores y pueriles resiliencias. Todo se fusiona y (des)encuentra sobrevolando lo paradojal, que de tan realista es rayano en el absurdo. ‘Un Muerto Más de Amor’, leit motiv de la presentación del nuevo álbum captura al público durante una hora y cuarto en una historia de desamor juvenil en la que cualquiera puede verse reflejado. Aunque por momentos se abuse de ciertos lugares comunes, hay brotes de visceralidad que hablan desde las entrañas exteriorizando la ferocidad de la desidia romántica.

Las canciones se amalgaman con las escenas y los recitados en una interacción natural con el público. Las cientos de personas que llenaron la esquina del CCGüemes fueron al encuentro de lo impredecible y con las gargantas dispuestas a aunarse con el artista en cada tema. 

La sinfonía universal de Vivaldi con luces rojas intermitentes indicaban que sucedería en escena algo por fuera de lo esperable. Cerca de las 21:30 horas se descorrió el telón con la concisa melodía de “Amor de verano”, a modo de preludio. Sin interrupción siguieron “Quereme” y “Supermercado”. Desde el minuto cero el artista recorrió cada extremo del escenario. Caminando o en reposo, arrodillado o acostado las palabras resonaron en el público rosarino. Cada monólogo pasional se interpreta y expresa de manera magistral y genuina, de corrido, sin un solo papel en mano ni telepronter que dicte un libreto. Una habilidad más que encomiable. En un contrapunto con la cantante Lara del Río, se conjugan encuentros y rispideces de amoríos juveniles y sus remanentes emocionales.

Así se fueron escuchando  “A veces”, “Tiempo” y “Las flores mueren en abril”. El público acompañó por momentos con euforia y también con respetuosos y necesarios silencios. Luego de “Toca toca” y “De amor”, se produjo uno de los momentos más emotivos del show en el que Chuke Estela se lució con su virtuosismo en el violín y su proeza actoral en el rol del amigo que sostiene en los momentos más arduos. 

La melancólica “Fronteras” precedió a “Carita triste” y “Me falta plata”. ‘Una que sepamos todos’ siempre es necesaria, por eso llegó “La isla del sol” seguida por “Tratamiento”. Lume, tecladista y cantante, también tuvo su rol en éste culebrón cuyo nuevo acto prosigue con un crush de Tinder y finaliza con un simbronazo lésbico entre ella y la ex que lo dejó en público. “Me gustas tanto” y “Puente” son los trazos musicales que ilustran éstas escenas.

Otro de los momentos más destacados del show concita las luces en el duelo entre Un Muerto y su amigo traidor, que combaten en “Liberen al Pity” fusionando el rap y el sonido del violín. La sombría “Concreto” es la antesala al punto más álgido. Un último monólogo desgarrado finaliza con un disparo en el que el artista se deja caer en peso muerto.

La melodía de “Amor de verano” lo resucita entrando de lleno al tema completo, el más cantado por el público al igual que el único bis “Frutillas con crema”. Al grito de “El que no arriesga no ama”, se despidió del escenario. Un final abierto con un atisbo de resurgimiento, o como cada uno lo resignifique desde su óptica. Lo cierto es que, al fin y al cabo,  ‘todos queremos un amor de verano de dure todo el año’. Y un poco más. 

Por Lucas Rivero 

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